
PRESENTACIÓN

Presencia e implicaciones en la sociedad actual
Estado de la cuestión
• La preservación y la restitución del patrimonio
• Pedagogía y análisis
• Tecnologías actuales
• Interpretación y percepción
• Sociología y estética
La tecnología de la música ha efectuado en el siglo XX uno de sus más notables cambios; de la era de la mecánica y la producción del sonido a través del cuerpo humano, se ha evolucionado primero hacia la producción electrónica de los sonidos y luego hacia la tecnología digital. La primera etapa consistió en la invención de instrumentos musicales utilizando las posibilidades de la electricidad y la electrónica (Theremin, ondas Martenot, etc.) y luego en la utilización de los medios de grabación y reproducción para manipular el sonido y organizarlo en músicas en las cuales, en los primeros tiempos, se prescindía de la presencia instrumental. Así nacieron las distintas corrientes que marcaron el pensamiento musical a partir del fin de los años 40: música concreta, música electrónica, tape music, música electroacústica, live electronics, música acusmática, digital music…
La segunda etapa comenzó con la posibilidad de generación digital del sonido, proceso que se inició a fines de los años 50. Esta etapa permitió que lo que anteriormente era un trabajo laborioso de control de máquinas, a menudo inestables en su comportamiento, se convirtiera en un control preciso de los parámetros que constituyen el sonido y en la posibilidad de repetir las acciones. Hubo que esperar a que la tecnología permitiera trabajar el sonido en toda su complejidad antes de que la tecnología digital reemplazara a aquella precedente, la analógica: durante los primeros años había que esperar varios días para obtener un sonido, pero poco a poco se fue pasando del tiempo diferido (como se lo llamaba) al tiempo real en el cual las intenciones del compositor eran inmediatamente audibles.
En el largo transitar desde los primeros sonidos a nuestros días, el ordenador pasó de ser una herramienta difícil de controlar y reservada a lugares de alta tecnología, a ser una herramienta cotidiana y accesible, adaptada a todos los ámbitos de la actividad humana y fácil de utilizar. Pero esta evolución aportó cambios notables y en algunos casos irreversibles en el pensar y actuar de nuestra sociedad: la pedagogía, el papel del músico en la sociedad, la práctica musical, la composición, los conceptos estéticos, han vivido cambios y evoluciones que permiten identificar un antes y un después. Quizás el hecho más significativo es que nunca antes ha sido tan fácil, para aquel que lo desea, el poder inventar, crear, componer música o simplemente divertirse con el sonido.
Este primer congreso permite no sólo una presentación general de la problemática tecnológica en el campo musical, sino también el análisis y la comprensión del impacto que la tecnología ha tenido y tiene en la actividad musical de hoy, en todos los ámbitos de la actividad musical. Asimismo permitirá entrever las perspectivas de un mañana y de los posibles desafíos y necesidades que tendremos que afrontar.
La preservación y la restitución del patrimonio
La música es una riqueza que se valoriza con el tiempo, es entonces necesario poder conservarla, estudiarla y restituirla. Las tecnologías digitales han simplificado y favorecido la conservación, la indexación y la restitución de esa riqueza acumulada; sin embargo, corremos el gran riesgo de perder la mayor parte de ese rico patrimonio que se fue constituyendo a partir de los años 40. ¿Los riesgos? La fragilidad misma de los medios en los cuales se conserva la información, las tecnologías inestables, la falta de centros de conservación y la dificultad de definir lo que hay que conservar. ¿Se debe conservar la grabación de un concierto o bien el programa de ordenador que permitió obtener tal resultado?
La música constituye un valor patrimonial, cultural y educativo único; necesitamos actuar para que se integre en el devenir de la sociedad. Existen iniciativas, prefiguración de centros y sobre todo cuestionamientos musicológicos, sobre qué es necesario conservar así como definir el entorno indispensable para que una obra actual, creada con una tecnología innovante, pueda ser conservada y restituida en el futuro. Dos problemáticas se presentan: cómo garantizar la preservación a largo plazo de las casi 30.000 obras compuestas desde los años 40 y cómo, en el marco de una tecnología en continua evolución, integrar la problemática de la conservación de las obras como parte integrante de su proceso de producción. Lo ideal sería que la obra, al crearse, generara su propia memoria, conservase las trazas de su evolución, permitiendo asimismo conservar la evolución del pensamiento del compositor.
Lo que está en juego hoy es nuestra memoria, nuestra comprensión del pasado para poder proyectarnos en el futuro, así como la posibilidad de poder interpretar y redescubrir obras esenciales para la comprensión de nuestro mundo musical actual. Paralelamente a acciones eficaces para no perder lo ya existente, es necesario emprender acciones que permitan que la conservación sea un acto simple, que no perturbe el proceso de creación pero asegure la perennidad.
Pedagogía y análisis
Analizar y transmitir es la clave de la comprensión y el desarrollo del placer en la música. El análisis permite el estudio de las ideas y estructuras de la música; la pedagogía es el elemento esencial para compartir y desarrollar las capacidades auditivas y el descubrimiento de nuevos mundos musicales. Tradicionalmente ambas están estructuradas en torno al elemento de representación de la música, es decir, la partitura. La práctica musical, cuando existe en el marco escolar, es principalmente instrumental y orientada a desarrollar la relación entre escritura e interpretación. El uso de nuevas tecnologías en la música ha traído dos consecuencias mayores: la creciente separación entre la música que se oye y la música que se estudia, así como el hecho de que la práctica musical con tecnología digital se ha difundido fuertemente entre la juventud, la cual, dado que practica aún rudimentariamente la creación, solicita una formación relacionada con sus preocupaciones.
Esto ha traído una interrogación mayor: ¿cómo analizar y cómo enseñar cuando la partitura desaparece o cuando es reemplazada por otros medios de representación? Las raíces del análisis musicológico se desmoronan, dado que los parámetros del objeto a analizar no son los mismos y la terminología y los conceptos existentes no se pueden aplicar fácilmente. Inversamente el objeto de la enseñanza es mucho más amplio y necesita de parte de los pedagogos nuevos conceptos y herramientas analíticas y pedagógicas.
La enseñanza de la música gana en interés para pedagogos y alumnos cuando se le integra la tecnología. La contemporaneidad del objeto estudiado renueva la posición de la enseñanza musical, que debe encontrar compromisos complejos entre la enseñanza de la música del pasado y la modernidad de las prácticas musicales. Una situación similar se presenta en el campo del análisis musical, en el cual el estudio de las obras y tendencias contemporáneas permite una mejor comprensión del fenómeno musical y una mejor integración en las prácticas musicales.
Tecnologías actuales
La tecnología es el eje central de la gran evolución de la música en los últimos sesenta años. La tecnología no provoca una evolución en sí, son los músicos los que la integran en su actuar y proponen nuevos usos y funciones. En muchos casos, durante los primeros decenios, eran los músicos los que proponían nuevos desarrollos tecnológicos y eran ellos quienes a menudo los realizaban (sintetizadores, programas de ordenador, procesadores dedicados). La innovación tecnológica estuvo durante los años 80, cuando la tecnología digital comenzó a estar al alcance de todos, en el centro del pensamiento y de la comunicación de la creación musical, hasta tal punto que a menudo el dispositivo tecnológico estaba mejor presentado y descrito que la obra musical en sí.
Hoy en día la situación ha cambiado de manera radical, la tecnología es cada vez más compleja y su desarrollo está cada vez más en manos de compañías especializadas, con equipos técnicos considerables y con objetivos comerciales. Sin embargo, el hecho de que se disponga de una tecnología extremadamente diversificada y de que su uso sea relativamente simple y al alcance de todos, ha significado una evolución en el campo estético y la riqueza de las obras; la tecnología ya no es más un elemento de valorización de la obra sino un elemento necesario a su existencia.
En este contexto se plantea de manera crucial la evolución de la tecnología. Existen muy pocos centros hoy en día, especializados en la música contemporánea, capaces de concebir, desarrollar y sobre todo comercializar a largo plazo productos específicos. Esto trae una separación creciente entre los que desarrollan (grandes compañías) y los que utilizan (compositores e intérpretes). ¿Cuáles son las expectativas de los creadores en el ámbito tecnológico? ¿Están conformes con la situación actual de las tecnologías o ambicionan nuevas herramientas? En ese caso, ¿cómo acercar la concepción de nuevos sistemas con los sueños innovantes de los creadores?
Interpretación y percepción
El fenómeno de interpretación musical está históricamente basado en el hecho de que existe por un lado el creador y en el otro el receptor, o sea, el público. Entre ambos, esta situación ha ido cambiando en los últimos decenios; la emergencia de las músicas creadas con nuevas tecnologías provocó una situación en la que el compositor se dirige directamente al oyente, sin intermediarios, en conciertos “acusmáticos” en los cuales el oyente asiste a un espectáculo para el oído. En casos más recientes, es el oyente, llamado a menudo “utilizador”, quien tendrá una función decisional en la manera en la cual transcurre un fenómeno musical. Es lo que se llama la interactividad, es decir, el modo y el alcance con el que un utilizador se relaciona con un sistema informático.
Sin embargo, esto no significó la desaparición del intérprete; al contrario, nuevas formas de interpretación se desarrollaron a medida que la escritura tradicional se volvía más compleja, como consecuencia de la integración de dispositivos tecnológicos por los intérpretes mismos, y por la aparición de intérpretes de máquinas, dispositivos, ordenadores y pletinas, en los cuales la función de intérprete se dobla con la de creador.
Paralelamente a la evolución en los modos de transmisión del creador al oyente y la evolución del concepto de concierto, se producen cambios en nuestra manera de enfrentamos perceptivamente al fenómeno musical. El universo de posibles sonidos para la música no ha hecho más que expandirse hasta el punto en el que cualquier sonido es potencialmente utilizable en la música. Nuestro modo de escuchar e interpretar los fenómenos sonoros ha cambiado radicalmente; al escuchar música, nuestra mente está abierta a todo tipo de situación, sonora o visual, en la cual no existen distinciones entre sonidos musicales y ruidos, sino aceptación, rechazo, atracción, repulsión.
La filosofía se ha hecho partícipe de esta situación; a partir de las primeras ideas sobre la fenomenología, numerosos pensadores, músicos y filósofos se han interesado en las problemáticas de qué oímos, cómo oímos y cómo el cerebro pasa de la percepción al sentido, particularmente en situaciones de expansión y enriquecimiento de las posibilidades sonoras. A pesar de esto, oír sigue siendo un misterio, sobre todo en lo que concierne a la creación del sentido y la generación del placer.
Sociología y estética
La tecnología, y los cambios que ésta ha introducido en la producción y la transmisión de la música, han influenciado el comportamiento de los oyentes y particularmente el papel de la música en la sociedad. La música no sólo es omnipresente, sino que es consumida en cualquier situación y circunstancia y sobre todo es consumida en todo momento. Los sistemas reproductores de sonido nos rodean en todas las situaciones de la vida cotidiana; a esto se le agrega la inmediatez de accesión legal o ilegal a cualquier tipo de música, lo que plantea un cambio en la función de la música y en su papel en el devenir de la sociedad.
El acceso a la música se realiza a través de lectores y grabaciones; la asistencia a conciertos, aunque sigue siendo importante, es ínfima con respecto a la circulación de la música grabada. Quizás se pueda interpretar esta evolución, cuyo comienzo se situaría con la aparición de las músicas creadas con grabadores, como una trayectoria hacia la autonomía del oyente y su capacidad de crear el mundo sonoro que anhela o con el que sueña. Sin embargo, al mismo tiempo que la autonomía se desarrolla, la necesidad y presencia de referencias, mitos, corrientes y otras formas de identificación y diferenciación se hace cada vez más notable. A menudo el oyente conoce la tecnología necesaria y es capaz de dominarla, mas necesita la figura que va más allá de la tecnología, aquella que plasma deseos, anhelos y esperanzas.
Paralelamente a los fenómenos en la música popular, asistimos a una multitud de pensamientos musicales, de corrientes estéticas, de actitudes ante el sonido y la música. ¿Existen, a pesar de la colosal fragmentación de corrientes musicales, comunes denominadores, tendencias identificables, corrientes de pensamiento filosófico, comunidades estéticas? Las respuestas serán contradictorias, dependerán probablemente del contexto cultural, del contexto social o simplemente del entendimiento que el oyente tiene de la Música como un universo sin límites.

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